Formar, no es informar.
Educar, es más que sólo docencia y exámenes. Universidad es «ayuntamiento de
profesores y alumnos por el saber» (Alfonso X el Sabio): "Universitas
magistrorum et scholarium" que investigan, enseñan y forman estudiantes,
libremente reunidos y animados todos por el mismo amor del saber.
Desgraciadamente, algo así
NO sucede en la universidad. Muchas modernidades y pretendidos avances, son mera
apariencia y vaciedad. Copio aquí a Serafín Fajul, miembro de la Real Academia
de la Historia, que publica ayer en la tercera de ABC su artículo “Universidad
virtual”.
DESASTRE. Es tal la
calamidad de la enseñanza estatal en nuestro país, que nadie se atreve a
defenderla en sus contenidos y formas (aparte del ataque general contra el
ministro Wert y su proyecto).
HUNDIMIENTO. La
cacharrería electrónica pretende reemplazar a la reflexión, al estudio
reposado, a la lectura minuciosa y exhaustiva. Wikipedia y el Rincón del Vago
son -tristemente- las principales fuentes y bibliografía de la mayoría de los
alumnos.
PROGRESÍA. Estamos en el
país del “segmento de ocio” (recreo), de la “unidad administrativa” (secretaría),
de la “guía docente” (programa)… grandilocuencia que nada aporta y a nadie
engaña. Y todo rebozado de una fraseología huera. ¡Qué vaciedad!
BAJÓN. Y lo mismo sucede
en los demás capítulos: promoción del mérito, autoridad de los profesores, su exigencia
de preparación, contenido de las materias. Las promociones de la universidad supuestamente
mejor preparadas de la historia, escriben, tan ricamente, “exquema, excased,
conbite, edicción, tradicción, extración” (y muchísimas más). Las clases se han
poblado de móviles que suenen en cualquier momento -¿y por qué no, so carca?-,
de ordenadores que acaban de distraer por completo la atención de los alumnos.
MASIFICACIÓN. Proliferaron
las universidades en cada provincia (seña de identidad irrenunciable, junto con
el aeropuerto y la estación del AVE), cuando ya en el siglo XVII se prevenía
del abuso en número: “En tan corta latitud como tiene España, hay treinta y dos
universidades, y más de cuatro mil estudios de gramática, daño que va a cada día
cundiendo más, habiéndose diversas veces pedido el remedio… año 1619” (Fernández
Navarrete: “Conservación de monarquías”).
EXCESO INÚTIL. La
multiplicación de alumnos fue el objetivo, como prueba del avance social -y
socialista (“El hijo del obrero, a la Universidad”)-, hasta conseguir tener, en
proporción, el doble de universitarios que Alemania: una jaimitada, porque
aumentó el gasto y tiró por los suelos el nivel y la seriedad de la institución,
que por esencia, debe ser selectiva, que no clasista.
CONCLUSIÓN. Clases
virtuales, lecturas virtuales… pero resultados no menos virtuales. Y, sin
embargo, hay que intentarlo, porque el desastre es insostenible.
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