
En España el sistema de valoración está viciado. Se ha perdido el respeto a ser un falso y un mentiroso. ¿Cómo es posible que los mediocres, como Pepiño Blanco o el Bachiller Montilla, que no han dado ni un palo al agua en su vida, tengan más éxito que los buenos?
Tal vez nuestros medios informativos y educativos no sean capaces de desvelar al chapucero, de distinguir falsos de auténticos, de valorar e identificar a la gente realmente 'buena'. Hasta ahora nos han venido mostrando a tantos mediocres como buenos, y a tantos buenos como mediocres.
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