
“Yo no me considero nada. Lo que soy o dejo de ser deben decirlo los demás, no yo mismo. Mi padre me enseñó lo necesario para valerme en la vida y le estaré siempre agradecido por ello”, afirma. De origen humilde, inició sus negocios en una cantina, para a su muerte 18.02.06 contar con más de 4.500 empleados. Leche Pascual financia la Asociación de Deportes Olímpicos y Paraolímpicos desde antes de su creación en 1988, apoyando a deportistas españoles de élite para servir de ejemplo e incentivo a los jóvenes.
La obra de un autor no es ese libro o esa estatua, la obra de un artista es toda una vida dedicada a la pintura y a la escritura. Un pintor no es un pintor por un buen cuadro, sino por una vida de buenos cuadros. Así lo entendía Tomás Pascual. Así se refleja en su familia y en su empresa. La obra empresarial no es un presupuesto de ventas, no es el lanzamiento de un nuevo producto o la construcción de una nueva fábrica. La obra empresarial es un proyecto continuamente inacabado. Un proyecto que es susceptible de mejora todos los días, porque cada día lo has de empezar y replantear. La obra empresarial está viva y cada día hay que nutrirla de alimentos, de nuevas ideas, de ilusión, de futuro.
Cuando lo que persigues es hacer algo grande, hacer algo con vocación de futuro, que permite el crecimiento de la sociedad en su conjunto, que se sienta orgullosa de tener un algo así dentro de ella. Cuando ésta es tu meta, tienes que perseguirlo en el día a día, en todos los detalles. Cuando lo que quieres es hacer algo grande, nunca puedes dejar de empujar, con energía, con fuerza, con motivación, con la ilusión de que tu trabajo no se acaba nunca, de que siempre hay más y que más quiere decir hoy, mañana, pasado. Ésa fue la vida de don Tomás, sus trabajadores y siempre, en lo más hondo de su vida, primero, Pilar y luego sus hijos, Tomás, Pilar, Sonia y Borja.
En noviembre compartimos mesa -narra Joaquín Molina- y, con una Juventud envidiable, preguntaba a un camarero de dónde era; respondió que de un pueblo de Segovia; “igual que yo, pero, por favor, escríbame en un papel su dirección porque, con lo bien que está sirviendo, usted merece conocer más mis productos". Al ser elogiado por algún comensal, aprovechó para decir que desde 1999 no hacía nada en la empresa porque quien lleva todo "es mi hijo Tomás". Al final, sigues ahí persiguiendo que ese algo lo disfruten las generaciones venideras, las que trabajan ahí y participan, de una manera u otra, de sus actividades. Y eso es lo que hacía don Tomás Pascual, nada más y nada menos que hacer empresa.

"Cuento esta pequeña anécdota porque a mí, al menos, me recordó algo que frecuentemente se olvida. Para conseguir el éxito como empresario, creando un negocio boyante, hay que ser muy creativo, trabajar mucho y estar siempre pensando en la mejora y en la innovación. Eso lo sabemos todos. Lo que muchas veces se nos escapa, sin embargo, es que para que todo ese empeño empresarial sea sostenible en el tiempo, el empresario ha de ser amable y asequible, honrado y buena persona".
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